

Oliver
Conti es una bodega joven, que se estableció el 1991 cuando Jordi
y Xavier Oliver empezaron a a replantar la finca de Capmany a la D.O.
Empordà - Costa Brava. Los hermanos Oliver no tenían ninguna
relación con la zona (ni con el mundo del vino) anteriormente,
pero después de inspeccionar viñas y analizar suelos por
las diferentes zonas vinícolas de Catalunya, se decidieron por
esta zona por su combinación de terreno, clima y ubicación.
Los suelos son pobres en materia orgánica,
siendo una tierra granítica, ácida y rica en silicio.
Arrancaron las viñas abandonadas de la finca para aplanar el
terreno y introducir mesuras de drenaje adecuadas. A partir de 1992
empezaron a plantar las 14 hectáreas con variedades extranjeras:
Gewurtzraminer y Sauvignon Blanc para los blancos, Cabernet Sauvignon,
Merlot y Cabernet Franc para los tintos.
Las
viñas estan emparradas a 1.80 metros, desafiando una de las características
climáticas más destacadas de la zona: la Tremuntana.
La altura de los emparrados esta pensado específicamente para
dar la máxima insolación a las hojas de las cepas y buena
ventilación para los racimos, minimizando así los peligros
de mildíu y oidium, y facilitando su tratamiento. A pesar de
estas ventajas, las filas tienen que alinearse con el viento para evitar
daños. Se realiza una poda de doble guyot corto, que permite
el crecimiento de madera nueva cada año, dando la superficie
foliar y las uvas una buena insolación.
La
alta variación térmica con las noches del verano refrescadas
por la marinada también contribuye al buen estado sanitario de
los racimos. Contrariamente al que había encontrado en otras
viñas, el terreno no se ara para evitar la degradación
de los suelos, y las viñas se mantienen libre de hierbas a travás
de las tiras de plástico instaladas alrededor de las cepas. El
control de las hierbas entre las filas de cepas se realitza con una
maquina que trincha el crecimiento y en ningún caso con herbicidas.
Mientras el enólogo Jordi Oliver se encarga de todo el trabajo
diario a la finca, han contado en todo momento con el asesoramiento
de André Crespy, ingeniero agrónomo y profesor
de viticultura a la Universitat de Montpellier.
La
vendimia esta mecanizada, recojiendo las variedades blancas siempre
de noche para mantener la frescura y las calidades aromáticas
de la uva. El momento de la vendimia es muy importante, dado que el
Gewurtzraminer en especial madura muy rapidamente en este clima. La
bodega, construida en la misma finca aprovechando el desnivel natural
del terreno, permite el transporte de la uva y los mostos por gravitación,
evitando así el uso de bombas. Tanto las variedades tintas como
las blancas se fermentan a temperatura controlada ( y bastante baja)
para mantener las calidades aromáticas de la uva y evitar la
extracción excesiva de taninos. El blanco se fermenta sobre los
16°C, y el tinto sobre los 18°C.
La
fermentación tiene lugar en depósitos pequeños
de fibra de vidrio (calidad alimentaria), con placas de refrigeración
por agua sumergidas en el vino para controlar la temperatura. El uso
de los depositos de fibra en lugar de acero inoxidable también
permite utilizar cierres flotantes que se pueden bajar hasta el nivel
del vino y cerrar hermeticamente a este nivel. Al ser un mal conductor
de calor, también minimiza las variaciones de temperatura del
vino. Como es habitual en la elaboración de vinos tintos, el
mosto fermenta junto con las pieles. Al final del periodo de maceración
se lleva la prensa móbil hasta el pie de cada deposito para prensar
el vino sin necesidad de utilizar bombas.
En
el caso de los tintos, el vino pasa un periodo de crianza en barricas
de roble Francés. En Oliver Conti quieren evitar una influencia
excesiva del roble en el vino final, y consideran que la ventaja principal
de la crianza en madera es la micro-oxygenación. Por supuesto
no es el único beneficio del periodo de crianza, pero
buscan sobretodo la elegáncia y no una gran extracción
de taninos en la maceración y posterior crianza.
Con
este fin, el vino pasa sólo unos 4 meses en barricas de roble
Francés combinando un 33% de barricas de primer año con
un 33% de segundo y tercer año respectivamente. El resultato
de este proceso es un vino elegante y fresco, un vino a punto para consumir
a partir del momento que sale de la bodega. No obstante se espera una
evolución positiva durante cinco años como mínimo.
Después de embotellar los blancos en el mes de Junio, y los tintos
a finales de Octubre, los vinos se guardan en un almacen con temperatura
controlada por el periodo de un año antes de ponerlos a la venta.
Muchas gracias a Xavier y Jordi Oliver por haberme ensenyado la
bodega.
Abril del 2000.